De repente un día te das cuenta de que lo mejor que te podía haber pasado es que todo se acabase, que es mejor no volver a saber nada de él, que es mejor estar sola. Y a partir de entonces te das cuenta de quién merece la pena de verdad, de quien te quiere, de quien lucha y da todo por ti... Y te das cuenta de que en realidad a quien llevas queriendo desde hace mucho tiempo es a alguien que estaba muy cerca de ti. Alguien que siempre había estado ahí, apoyándote. Alguien que, esondido como mejor amigo, escondía sus sentimientos, o eso crees.
Es entonces cuando vives tantas cosas, todas de golpe, todas medio en broma con su parte de realidad. Bromas en las que fingís ser novios, habláis de como sería vuestro futuro juntos, bromas de vuestra primera vez. Bromas en las que tú empiezas a ver realidades, realidades que te gustan más de las que tenías antes.
Poco a poco, esas bromas se convierten en abrazos, en caricias, en miradas. Miradas que van de tus ojos a tus lavios y que tu interpretas como sus ganas de besarte... Empiezas a interpretar esos abrazos, esas caricias, y encuenteas que cuando os abrazáis, es él quien siempre abraza más fuerte, que en las caricias, él recorre toda tu tripa, toda tu espalda e incluso zonas 'no permitidas'. Y eres feliz. Eres más feliz de lo que eras antes, sientes más de lo que habías sentido nunca y en mucho menos tiempo, y ves que ese sentimiento es mutuo, ved que sus gestos te llevan a pensar que él te quiere solo para él, que si te separas mientras te acaricia, te acerca suavemente hacia él, hacia su cuerpo, ves incluso como se le sonrojan las mejillas, haciéndole aun más perfecto. Ves como cuando te abraza, muy fuerte, suspira. Suspira porque sabes que en el fondo no espera un abraza sino un beso, un beso de verdad. Sientes que todo es perfecto.
Pero entonces m, después de tantas caricias, tantos abrazos en tan poco tiempo, él te confiesa que quiere a otra, a alguien mucho más guapa que tú, mucho más perfecta. Alguien que no haría por él ni la mitad de lo que tú serías capaz de hacer... Y es entonces cuando ves que te has vuelto a equivocar, otra vez, como tantas otras veces, y sientes que ya da todo igual. Y en el fondo, da todo igual, ya nada importa, porque sabes que nunca podrás acercarte a ser alguien como ella, porque sabes que nunca la podrás superar. Así que te resignas, te lo callas todo como costumbre, y haces como siempre, te pones una puta armadura que no sirve de nada y sonríes para que él no se de cuenta.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Tanto, en tan poco tiempo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario