Una noche más, en la que no soy capaz de quedarme dormida con tu recuerdo. Una noche más en la que mis lágrimas mojan la almohada. Una noche más en la que, otra vez, me estoy fallando.
Me estoy fallando cada vez que lloro con tu recuerdo, después de haberme prometido a mi misma que no lo haría. Me fallo, porque no soy capaz de ser fuerte. Porque yo antes no era así, nada me derrumbaba, yo podía con todo lo que se me ponía en el camino. Y sin embargo, ahora no soy así. Tú, simplemente tú, has podido conmigo. Me has hundido como nunca nada ni nadie lo había conseguido. Me has hundido hasta un punto en el que la salida no se ve. En el que no puedo evitar pensar que me quedaré para siempre, con tus recuerdos, y mis fuerzas... Desaparecidas.
sábado, 13 de diciembre de 2014
Me fallo.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
No podía entender.
Nunca entendí cómo alguien podría enamorarse de mi, de mi forma de ser. Simplemente, no entendía como yo, con mi desastre, con mi mar de defectos, podría llegar a gustar a cualquier persona.
Supongo que tiene su lógica, cuando tú mismo no te quieres, no eres capaz de entender por qué otras personas sí lo hacen.
Es por eso que nunca creí en sus palabras cuando me decía que ese era el motivo por el que estaba loco por ti. No era capaz de creer que alguien como él pudiese querer a alguien como yo. Y mucho menos a mi forma de ser. Mi cabeza no hacía más que imaginar cientos de chicas que ambos conocíamos y que, sin duda, me daban mil vueltas. Y no podía evitar pensar por qué no estaba con ellas, en vez de alguien como yo.
Digamos que, poco a poco, empecé a entender que era cierto. Que me quería a mi y no a otra, y que lo que sentía, era cierto.
Pero ni eso me sirvió para hacerme entender por qué. Supongo que el amor es así. Te enamoras de alguien, sin saber bien cómo, sin saber bien por qué, y esa persona se convierte en todo para ti. Y eso es lo que nos pasó a nosotros.
Dos mares de defectos que se querían, sin saber muy bien por qué, pero que tampoco tenían intención de buscar el motivo.
sábado, 15 de noviembre de 2014
Esa chica soy yo.
Y puede que ya no sea yo la que cada noche, te abraza hasta que te quedas dormido. La que cada mañana te dice lo mucho que te quiere. Ya no soy yo la que piensa en qué detalle tener contigo, para convertir tus días malos en los mejores.
¿Y qué?
Sé que cada noche, mientras ella te abraza, mi nombre aparece en tu cabeza. Que cada mañana, mientras ella te dice todo lo que siente, sólo eres capaz de recordar cada uno de los momentos que viviste conmigo. Que te es imposible no recordar esas noches interminables en las que nos perdíamos entre las sábanas de tu cama, como si el mañana no fuese a llegar nunca.
Por que puede que el tiempo pase, y yo no esté a tu lado. Pero por mucho tiempo que pase, nunca podrás olvidar a aquella que te dejó marcado. A esa chica que, sin que tú lo pretendieses, te enseñó lo que era amar. Esa chica a la que sigues amando. Esa chica, que soy yo.
viernes, 14 de noviembre de 2014
La quería.
Quizás era el brillo de sus ojos cuando le miraban. Quizás, la bonita sonrisa que siempre tenía dibujada en sus labios. A lo mejor era ese hoyuelo que se le formaba a reír, únicamente, en el moflete izquierdo. O la forma en que tenía de apartarse el pelo de la cara cuando estaba tranquila, y de cubrirse con él cuando estaba nerviosa. Quién sabe, quizás se debía a ese cuerpo que cualquiera podría envidiar.
Pero no, estaba claro que no era algo así de superficial. No era solo eso.
También estaba esa ilusión con la que se tomaba todo, esas ganas de luchar hasta quedarse sin aliento. Su positivismo, el miamo que tantas veces le había levantado. O quizás el ver como no tenía nunca un mal gesto con nadie, siempre sonriente. No podía olvidar aquellos días en los que ella se convertía en una niña pequeña, en su niña pequeña, y eran felices sin importarle el mundo. Pero no os creáis, cuando lo necesitaba, la niña desaparecía y ahí estaba esa persona que parecía tener una solución a cualquier problema. Y lo conseguía, también así, conseguía hacer desaparecer el mundo.
Quizás era el rojo de sus mejillas, cada vez que pasaba vergüenza. O quizás la forma en que, cada noche, le encendía con una sola mirada, incapaz de negarse a uno solo de sus encantos.
Y así, podría seguir con una enorme lista de quizás... Sólo para intentar explicar por qué la quería a ella.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Nunca pensó que...
Y los días pasaban. Y las semanas. Y los meses. O quizás solo pasaba el tiempo, implacable. Incapaz de entender que para él, el tiempo se paró cuando todo terminó. Ya no habían días nuevos, simplemente era una sucesión de horas sin sentido que le obligaban a disimular su malestar durante un rato, para más tarde volver a su habitación, donde se desahogaba hasta quedarse dormido. En verdad, no sabía cuánto tiempo llevaba así, pero sí recordaba cómo empezó todo. Y lo recordaba cada día, a cada momento, como si hubiese sucedido unos segundos antes. Cada pequeño detalle, nítido en su mente, que le recordaba que no era un espejismo: ella ya no estaba a su lado.
Todo paso sin esperarlo. Quizás sí podría haberlo esperado, no estaban en su mejor momento. Pero a pesar de las discusiones, él la quería como a nadie, y eso era suficiente. O eso pensaba él.
Por eso, cuando esas palabras, esas malditas palabras salieron lentamente de su boca, la que tantas veces se había quedado embobado mirando para luego besar... 'Creo que deberíamos dejarlo. Ser felices, pero cada uno por su lado.'
¿Cómo cojones quería que fuese feliz si ella ya no estaba a su lado? Había sido el motivo de su felicidad durante todo el tiempo que estuvieron juntos. No era capaz de asimilar que ya no podría ir presumiendo de lo enamorado que estaba de la mejor novia del mundo. Se acabaron los días pensando en distintas formas de sorprenderla. Tuvo que decir adiós a sus sonrisas, a sus gestos de niña pequeña, a cada una de las tonterías que decía cuando estaba feliz. No volvería a verla pasear por su habitación, vestida únicamente con su camiseta. No volvería a leer ninguna de esas parrafadas a las que, sin darse cuenta, se habia vuelto adicto. No volvería a probar a esa persona que le daba la vida en cada beso.
Porque su vida, se la había llevado con ella al marcharse.
Nunca pensó que unas palabras habrían cambiado su vida de tal forma que nunca volvería a ser la misma.
Al igual que nunca pensó que, no muy lejos de él, ella también lloraba cada noche. Lloraba, esperando que él la demostrase realmente lo que sentía. Que luchase por ella. Lloraba, porque a pesar de todo, estaba profunda y locamente enamorada de él.
jueves, 30 de octubre de 2014
De la noche a la mañana.
Parecía un cuento de hadas. Por más que buscaba algún defecto, algún fallo, era incapaz de encontrarlo. Él era la persona perfecta para ella, y Sara lo sabía.
Era sábado, y había pasado toda la tarde a su lado... Una tarde sencilla: peli en casa de él, mantita, y muchos besos. Plan perfecto para dos personas que a penas llevan dos meses, y ya saben que están hechas el uno para la otra.
Y no dejaba de repetirselo. Tumbada en la cama, miraba el techo, como si allí pudiese leer su historia, o incluso escribirla. Y es que eso era lo que hacía: imaginaba en su cabeza cientos de planes a su lado, que desearía cumplir. Y no podía evitar sonreír.
Sonreía porque era feliz. Porque él la hacía feliz. Y se repetía una y otra vez que eso, era para siempre. Un pensamiento que no iba acorde con su edad. Con tan sólo 17 años, es difícil imaginar que una persona va a estar contigo el resto de tu vida. Pero ella era cabezota, y cuando quería algo, lo conseguía. O eso pensaba.
"Acabo de estar con él, y ya le echo de menos." Pensó.
Sí. Estaba enamorada de él, sin duda. Y eso era precioso, pero la asustaba. Era consciente de todo lo que el 'amor' conllevaba, con su parte buena y su parte mala. Y lo cierto es que ella ya lo había pasado bastante mal en su vida, como para añadirle tonterías como esa. Pero no podía evitarlo, le quería.
Se levantó de la cama y cogió el móvil. Buscó su número; como no, era el último que había marcado. Llamó, pero no contestó nadie. No se dio por vencida, y lo intentó una segunda vez.
Miró el móvil extrañada. Él siempre la avisaba al llegar a casa después de acompañarla, pero esta vez...
"Con la memoria que tiene, se le habrá olvidado. En un rato volveré a intentarlo."
Y con ese pensamiento y el móvil en la mano, no pudo evitar quedarse dormida, y soñar. Soñar con él, como venía haciendo en los dos últimos meses.
¿Quién la iba a preparar para lo que el destino había decidido?
Se despertó con una sensación de malestar, sabiendo que ese sexto sentido que tienen las mujeres para ver cuándo algo va mal, se había activado. Y con sólo mirar el móvil, comprendió que algo pasaba. 5 llamadas perdidas de él.
La faltó incluso tiempo para devolver la llamada. Sin saber bien por qué, la temblaba todo el cuerpo. Y sin saber bien por qué, se tensaron todos y cada uno de sus músculos cuando escuchó, al otro lado de la línea, una voz que no era la suya. Se trataba del padre de su novio.
Una llamada de tan solo unos minutos, que la desgarró por dentro. Una llamada que no terminó de escuchar. Las palabras 'coche', 'atropellar' y 'hospital' retumbaban en su cabeza, como si toda su vida en ese momento se redujese a eso. Y en cierto modo, así era.
Bajó corriendo las escaleras, sin intentar siquiera controlar sus lágrimas, y le contó a su madre como pudo lo que acababa de escuchar. Ella, sin pensárselo dos veces, la acercó hasta el hospital donde él se encontraba.
Pero ya era demasiado tarde. En la sala de espera, los padres de él lloraban desconsoladamente. Y ella no necesitó preguntar para saber que ya no había nada que hacer. De la noche a la mañana, todo se había acabado, y ya nadie podría arreglarlo.
domingo, 19 de octubre de 2014
Fecha de caducidad.
Dicen que todos, tarde o temprano, vamos a morir. Y es cierto. Queramos o no, nuestra vida tiene una fecha de caducidad que nadie conoce, pero que todos sabemos que llegará. Y de cada uno de nosotros depende alargar esa fecha, o hacer que, por tonterías, nuestra vida se reduzca bastante.
Es por eso que odio el tabaco. Nunca lo he probado, y espero no probarlo nunca. Me parece la forma más estúpida de acortar una vida. Y no solo acortarla, no es malo tener una vida corta, si la vives intensamente. El problema es que esa vida corta, encima va asociada a tantos problemas... Es algo que todos sabemos.
Por eso, cada vez que veo como enciende un cigarro y se lo lleva a los labios, lo único que siento son ganas de tirar el paquete por la ventana y dejar de hablarle. Pero no puedo hacerlo.
Es horrible ver cómo se jode la vida día a día por un vicio que no aporta nada... Saber que la persona que amas se está jodiendo la vida poco a poco.
Y puede que él no lo entienda. Que simplemente me de la razón cada vez que hablamos del tema, porque sabe que así me callaré y no insistiré más, para luego, cuando no esté yo delante, volver a lo de siempre.
Y ¿sabéis? En este caso, no sirve el 'ojos que no ven, corazón que no siente'. Porque ya no le veo fumar, no veo como se jode la vida, pero sé que lo sigue haciendo. Y sí, sí siento. Siento rabia, impotencia, me enfado. Me enfado porque duele saber que esa persona no va a entrar en razón. Porque se que su fecha de caducidad está, con cada cigarro, un poco más cerca. Y yo no puedo cambiarla.
miércoles, 15 de octubre de 2014
¿No te mareas?
¿Sabes?
Es difícil explicar lo que me haces sentir. No logro expresar con palabras la cantidad de sentimientos que se despiertan en mi interior cada vez que estoy contigo. Pero esta no es la peor parte.
La peor parte viene cuando estamos lejos. Cuando debo conformarme con recordar tus labios y no puedo besarlos, cuando echo en falta tus abrazos y sé que no los puedo tener. Entonces, te metes en mi cabeza, y das mil vueltas. Mil vueltas en las que tú y yo cumplimos cientos de planes juntos, y yo te pregunto...
¿No te mareas de pasar tanto tiempo ahí?
domingo, 28 de septiembre de 2014
Bonito.
¿Bonito? Bonito es que se me pare el corazón cada vez que me dice 'te quiero'. O que por el contrario, se me acelere si ese 'te quiero' me lo susurra al oído. Bonitos son sus ojos cada vez que me miran, o la sonrisa que los acompañan. Bonitos son cada uno de los besos que nos damos, cada mordisco, cada caricia... Bonito es él entero, bonita su forma de ser conmigo. Bonito es pensar en su nombre y el mío a la vez, es entender que sin él ya no soy nada. Bonito es saber que podría elegir a cualquier otra, y aún así, te sigue eligiendo a ti.
sábado, 27 de septiembre de 2014
Las dos caras de la moneda.
Es extraño explicar lo que sentí cuando me besó. Lo que siento ahora al tenerle lejos. Simplemente, no hay palabras para definirlo, pero se puede intentar.
Cada vez que me besa, el resto deja de existir. No hay viejitos mirones, ni amigos que se ríen. Sólo estamos él, su boca, sus manos y yo. Y no puedo evitar sonreír con sus cosas de niño pequeño. Sus burlas. Sus intentos de no besarme. Su lucha por tratar de besarme en el cuello, y que no se la devuelva.
Es una sensación bonita. Te hace estar a gusto contigo mismo, te quita el hambre, porque el único hambre que tienes, es de él. De comerle con tus besos, y de hacerle sonreír con tus mimos. En ese momento, tu mente esta en blanco, y sólo piensas en qué hacer para sacarle una sonrisa, para picarle, o para que le guste más aún.
Pero luego toca separarse, con todas las dudas que conlleva estar lejos.
¿qué siente por mi? ¿Es así con todas? ¿Seré la única? ¿Cuáles serán sus intenciones verdaderas? ¿Pensará lo mismo que yo cada vez que me besa? ¿Tardará mucho en volver a venir?
Una serie de contradicciones que no tienen sentido, que se agolpan en tu cabeza y te hacen dudar incluso de tu sombra.
Las dos caras de la moneda cuando te estás empezando a pillar por alguien.
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Amor hoy en día.
La historia está llena de cambios que dan lugar a que nuestra vida de hoy sea así. Una vida que apenas comparte alguna similitud con la vida de antepasados nuestros. Quizás, la forma sea la misma. Pero el fondo es completamente distinto.
Un ejemplo claro es cómo con el tiempo, cambia el significado de las palabras. Y no me refiero a palabras como 'coche' , 'caballo' etc. Me refiero a esas palabras que hacen referencia a los sentimientos. Sentimientos que, al igual que la vida, han ido cambiando.
¿Y cuál es el sentimiento por excelencia del que todos hablan? El amor. Un amor que solía darse a escondidas, por mantener el honor. Un amor por el que había que luchar, por el que había que demostrar que los sentimientos, eran verdaderos.
Pero ¿Qué es el amor hoy? ¿en qué se basa?
Un sentimiento que en su momento significó tanto, que abarcó tanto, hoy se ha quedado reducido a una pantallita, y una última conexión.
Y es que ya nadie sabe cuál es el significado de 'enamorarse', y mucho menos de luchar por la persona que quieres. Es más fácil estar cada mes con una persona distinta, jugar con los sentimientos de la gente, y luego dejarlos tirados. Importa más que la gente te vea en mitad de la calle con el más guapo, el más alto, y que cuanta más gente se entere, mejor.
Estamos tan acostumbrados a eso, que cuando nos encontramos a alguien que de verdad merece la pena, no somos capaces de reaccionar. Basamos la relación en palabras sin sentido, que nadie se molesta en demostrar. Dejamos que dos ticks siembren la desconfianza entre nosotros, o que un comentario por redes sociales se malinterprete, y mande todo al garete.
Ya pocos recuerdan lo que era echarse de menos; estar lejos y seguir confiando en esa persona. Apenas nadie prefiere algo tan bonito, tan romántico, como una carta para expresar lo que uno siente.
¿Para qué usar una carta en la que plasmar tus sentimientos, pudiendo sustituirla por un teclado, y varias frases sacadas de internet?
jueves, 24 de julio de 2014
Pasado.
Dicen que de recuerdos no se viven. Que pasado, pisado. Dicen que lo importate es mirar al futuro, porque mirar el pasado, sólo arruina el presente.
Pero claro, hablar es muy fácil, y recurrir a refranes que todos conocemos, lo es aún más. Es sencillo dar el típico consejo de 'no pienses, no le des más vueltas' y similares, cuando en el fondo, sabemos que ni nosotros seríamos capaces de hacerlo.
Es un hecho que el pasado es parte de nuestra vida. Es una parte de nuestra historia. Y es imposible no pensar en él de vez en cuando.
Pero tenemos que pensar en ello, siendo conscientes de que no va a volver. De que sólo debemos mirar atrás para saber qué errores no debemos repetir. Y que cuando echemos algo de menos, no busquemos repetir esas sensaciones. Sencillamente, nada vuelve a ser igual con el tiempo. Y en vez de buscar consrguir algo casi imposible, deberíamos centrarnos en crear nuevas sensaciones que nos aparten de ese pasado, y crear un presente que en verdad merezca la pena.
Porque el pasado, pasado es. Y si en verdad quieres ser feliz, sólo necesitas mirar hacia delante, y sólo ir hacia atrás si es para coger impulso.
domingo, 15 de junio de 2014
Incertidumbre.
Lo peor de todo es no saber. La incertidumbre. Un día pensar que sí, y al siguiente que no.
El tenerte constantemente en mi cabeza, sin saber si yo estoy en la tuya... Tener la sensación de que todas esas indirectas van por mí, que esas miradas significan algo más de lo que sólo dices con palabras. Creer que tienes las mismas ganas que yo de llegar a tus labios.
Y entonces, ver que es imposible. Que no es en mi en quien te fijas. Que tu mirada es la propia de una persona distraida, y no dice nada que no haya salido ya por tu boca. Que los libros, libros son, y en nuestra realidad, eso no va a pasar.
lunes, 5 de mayo de 2014
¿?
¿Cuántas veces piensas en mi? ¿Cuántas veces al día me recuerdas? ¿En cuantas ocasiones tienes ganas de hablarme, y al final, te echas atrás? ¿Cuántas veces buscas nuestra conversación de whats app para quedarte mirando mi foto, nuestros recuerdos? ¿Cómo lo haces para actuar como si nada? ¿Cómo consigues alejar todo esto de ti, y seguir a delante?
Quizás es demasiado tarde para volver la viata atrás. Demasiado tarde para ser consciente de que algunas decisiones, fueron erróneas. De que en algún momento, metiste la pata hasta el fondo, y no tiene solución. O quizás sí la tenga. Pero eso no lo sabras si no lo intentas, si no te buscas las artimañas necesarias para ser feliz, después de conseguir lo que quieres. Al conseguir a quien quieres.
domingo, 4 de mayo de 2014
Irrealizable.
Mentiría si dijese que no te echo de menos. Mentiría si dijese que no me acuerdo de tus besos o tus abrazos, y no sonrío. Mentiría si dijese que no pienso en ti.
Por que tengo que admitirlo, recuerdo cada uno de los momentos que pasamos juntos. Los recuerdo, y me hacen feliz. Y todo esto no significa que quiera volverlos a vivir. Lo que significa es que, cuando decía 'no te quiero perder nunca', lo decía en serio. Y aunque está claro que nada sería igual, yo no dejo de pensar que estás lejos, más lejos de lo que nunca pensé.
Supongo que siendo realistas, lo que yo siempre pensé que podríamos ser si esto pasaba, era una utopía. Una especie de sueño irrealizable. Pero aún siéndolo, se podría conseguir, y quién sabe si algún día se consiga. Hasta entonces, viviré con los recuerdos bien presentes, aprovechando mi día a día, sin dejar de tenerte presente.
Por que los mejores momentos que tengo en mis recuerdos, eran cerca de ti. Y aunque aparezcan recuerdos nuevos, estos nunca van a desaparecer. De eso, ya me encargo yo.