jueves, 30 de octubre de 2014

De la noche a la mañana.

Parecía un cuento de hadas. Por más que buscaba algún defecto, algún fallo, era incapaz de encontrarlo. Él era la persona perfecta para ella, y Sara lo sabía.
Era sábado, y había pasado toda la tarde a su lado... Una tarde sencilla: peli en casa de él, mantita, y muchos besos. Plan perfecto para dos personas que a penas llevan dos meses, y ya saben que están hechas el uno para la otra.
Y no dejaba de repetirselo. Tumbada en la cama, miraba el techo, como si allí pudiese leer su historia, o incluso escribirla. Y es que eso era lo que hacía: imaginaba en su cabeza cientos de planes a su lado, que desearía cumplir. Y no podía evitar sonreír.
Sonreía porque era feliz. Porque él la hacía feliz. Y se repetía una y otra vez que eso, era para siempre. Un pensamiento que no iba acorde con su edad. Con tan sólo 17 años, es difícil imaginar que una persona va a estar contigo el resto de tu vida. Pero ella era cabezota, y cuando quería algo, lo conseguía. O eso pensaba.
"Acabo de estar con él, y ya le echo de menos." Pensó.
Sí. Estaba enamorada de él, sin duda. Y eso era precioso, pero la asustaba. Era consciente de todo lo que el 'amor' conllevaba, con su parte buena y su parte mala. Y lo cierto es que ella ya lo había pasado bastante mal en su vida, como para añadirle tonterías como esa. Pero no podía evitarlo, le quería.
Se levantó de la cama y cogió el móvil. Buscó su número; como no, era el último que había marcado. Llamó, pero no contestó nadie. No se dio por vencida, y lo intentó una segunda vez.
Miró el móvil extrañada. Él siempre la avisaba al llegar a casa después de acompañarla, pero esta vez...
"Con la memoria que tiene, se le habrá olvidado. En un rato volveré a intentarlo."
Y con ese pensamiento y el móvil en la mano, no pudo evitar quedarse dormida, y soñar. Soñar con él, como venía haciendo en los dos últimos meses.

¿Quién la iba a preparar para lo que el destino había decidido?

Se despertó con una sensación de malestar, sabiendo que ese sexto sentido que tienen las mujeres para ver cuándo algo va mal, se había activado. Y con sólo mirar el móvil, comprendió que algo pasaba. 5 llamadas perdidas de él.
La faltó incluso tiempo para devolver la llamada. Sin saber bien por qué, la temblaba todo el cuerpo. Y sin saber bien por qué, se tensaron todos y cada uno de sus músculos cuando escuchó, al otro lado de la línea, una voz que no era la suya. Se trataba del padre de su novio.
Una llamada de tan solo unos minutos, que la desgarró por dentro. Una llamada que no terminó de escuchar. Las palabras 'coche', 'atropellar' y 'hospital' retumbaban en su cabeza, como si toda su vida en ese momento se redujese a eso. Y en cierto modo, así era.
Bajó corriendo las escaleras, sin intentar siquiera controlar sus lágrimas, y le contó a su madre como pudo lo que acababa de escuchar. Ella, sin pensárselo dos veces, la acercó hasta el hospital donde él se encontraba.
Pero ya era demasiado tarde. En la sala de espera, los padres de él lloraban desconsoladamente. Y ella no necesitó preguntar para saber que ya no había nada que hacer. De la noche a la mañana, todo se había acabado, y ya nadie podría arreglarlo.

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