Nunca entendí cómo alguien podría enamorarse de mi, de mi forma de ser. Simplemente, no entendía como yo, con mi desastre, con mi mar de defectos, podría llegar a gustar a cualquier persona.
Supongo que tiene su lógica, cuando tú mismo no te quieres, no eres capaz de entender por qué otras personas sí lo hacen.
Es por eso que nunca creí en sus palabras cuando me decía que ese era el motivo por el que estaba loco por ti. No era capaz de creer que alguien como él pudiese querer a alguien como yo. Y mucho menos a mi forma de ser. Mi cabeza no hacía más que imaginar cientos de chicas que ambos conocíamos y que, sin duda, me daban mil vueltas. Y no podía evitar pensar por qué no estaba con ellas, en vez de alguien como yo.
Digamos que, poco a poco, empecé a entender que era cierto. Que me quería a mi y no a otra, y que lo que sentía, era cierto.
Pero ni eso me sirvió para hacerme entender por qué. Supongo que el amor es así. Te enamoras de alguien, sin saber bien cómo, sin saber bien por qué, y esa persona se convierte en todo para ti. Y eso es lo que nos pasó a nosotros.
Dos mares de defectos que se querían, sin saber muy bien por qué, pero que tampoco tenían intención de buscar el motivo.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
No podía entender.
sábado, 15 de noviembre de 2014
Esa chica soy yo.
Y puede que ya no sea yo la que cada noche, te abraza hasta que te quedas dormido. La que cada mañana te dice lo mucho que te quiere. Ya no soy yo la que piensa en qué detalle tener contigo, para convertir tus días malos en los mejores.
¿Y qué?
Sé que cada noche, mientras ella te abraza, mi nombre aparece en tu cabeza. Que cada mañana, mientras ella te dice todo lo que siente, sólo eres capaz de recordar cada uno de los momentos que viviste conmigo. Que te es imposible no recordar esas noches interminables en las que nos perdíamos entre las sábanas de tu cama, como si el mañana no fuese a llegar nunca.
Por que puede que el tiempo pase, y yo no esté a tu lado. Pero por mucho tiempo que pase, nunca podrás olvidar a aquella que te dejó marcado. A esa chica que, sin que tú lo pretendieses, te enseñó lo que era amar. Esa chica a la que sigues amando. Esa chica, que soy yo.
viernes, 14 de noviembre de 2014
La quería.
Quizás era el brillo de sus ojos cuando le miraban. Quizás, la bonita sonrisa que siempre tenía dibujada en sus labios. A lo mejor era ese hoyuelo que se le formaba a reír, únicamente, en el moflete izquierdo. O la forma en que tenía de apartarse el pelo de la cara cuando estaba tranquila, y de cubrirse con él cuando estaba nerviosa. Quién sabe, quizás se debía a ese cuerpo que cualquiera podría envidiar.
Pero no, estaba claro que no era algo así de superficial. No era solo eso.
También estaba esa ilusión con la que se tomaba todo, esas ganas de luchar hasta quedarse sin aliento. Su positivismo, el miamo que tantas veces le había levantado. O quizás el ver como no tenía nunca un mal gesto con nadie, siempre sonriente. No podía olvidar aquellos días en los que ella se convertía en una niña pequeña, en su niña pequeña, y eran felices sin importarle el mundo. Pero no os creáis, cuando lo necesitaba, la niña desaparecía y ahí estaba esa persona que parecía tener una solución a cualquier problema. Y lo conseguía, también así, conseguía hacer desaparecer el mundo.
Quizás era el rojo de sus mejillas, cada vez que pasaba vergüenza. O quizás la forma en que, cada noche, le encendía con una sola mirada, incapaz de negarse a uno solo de sus encantos.
Y así, podría seguir con una enorme lista de quizás... Sólo para intentar explicar por qué la quería a ella.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Nunca pensó que...
Y los días pasaban. Y las semanas. Y los meses. O quizás solo pasaba el tiempo, implacable. Incapaz de entender que para él, el tiempo se paró cuando todo terminó. Ya no habían días nuevos, simplemente era una sucesión de horas sin sentido que le obligaban a disimular su malestar durante un rato, para más tarde volver a su habitación, donde se desahogaba hasta quedarse dormido. En verdad, no sabía cuánto tiempo llevaba así, pero sí recordaba cómo empezó todo. Y lo recordaba cada día, a cada momento, como si hubiese sucedido unos segundos antes. Cada pequeño detalle, nítido en su mente, que le recordaba que no era un espejismo: ella ya no estaba a su lado.
Todo paso sin esperarlo. Quizás sí podría haberlo esperado, no estaban en su mejor momento. Pero a pesar de las discusiones, él la quería como a nadie, y eso era suficiente. O eso pensaba él.
Por eso, cuando esas palabras, esas malditas palabras salieron lentamente de su boca, la que tantas veces se había quedado embobado mirando para luego besar... 'Creo que deberíamos dejarlo. Ser felices, pero cada uno por su lado.'
¿Cómo cojones quería que fuese feliz si ella ya no estaba a su lado? Había sido el motivo de su felicidad durante todo el tiempo que estuvieron juntos. No era capaz de asimilar que ya no podría ir presumiendo de lo enamorado que estaba de la mejor novia del mundo. Se acabaron los días pensando en distintas formas de sorprenderla. Tuvo que decir adiós a sus sonrisas, a sus gestos de niña pequeña, a cada una de las tonterías que decía cuando estaba feliz. No volvería a verla pasear por su habitación, vestida únicamente con su camiseta. No volvería a leer ninguna de esas parrafadas a las que, sin darse cuenta, se habia vuelto adicto. No volvería a probar a esa persona que le daba la vida en cada beso.
Porque su vida, se la había llevado con ella al marcharse.
Nunca pensó que unas palabras habrían cambiado su vida de tal forma que nunca volvería a ser la misma.
Al igual que nunca pensó que, no muy lejos de él, ella también lloraba cada noche. Lloraba, esperando que él la demostrase realmente lo que sentía. Que luchase por ella. Lloraba, porque a pesar de todo, estaba profunda y locamente enamorada de él.