sábado, 27 de septiembre de 2014

Las dos caras de la moneda.

Es extraño explicar lo que sentí cuando me besó. Lo que siento ahora al tenerle lejos.    Simplemente, no hay palabras para definirlo, pero se puede intentar.

Cada vez que me besa, el resto deja de existir. No hay viejitos mirones, ni amigos que se ríen. Sólo estamos él, su boca, sus manos y yo. Y no puedo evitar sonreír con sus cosas de niño pequeño. Sus burlas. Sus intentos de no besarme. Su lucha por tratar de besarme en el cuello, y que no se la devuelva.
Es una sensación bonita. Te hace estar a gusto contigo mismo, te quita el hambre, porque el único hambre que tienes, es de él. De comerle con tus besos, y de hacerle sonreír con tus mimos. En ese momento, tu mente esta en blanco, y sólo piensas en qué hacer para sacarle una sonrisa, para picarle, o para que le guste más aún.           

Pero luego toca separarse, con todas las dudas que conlleva estar lejos.
¿qué siente por mi? ¿Es así con todas? ¿Seré la única? ¿Cuáles serán sus intenciones verdaderas? ¿Pensará lo mismo que yo cada vez que me besa? ¿Tardará mucho en volver a venir?
Una serie de contradicciones que no tienen sentido, que se agolpan en tu cabeza y te hacen dudar incluso de tu sombra.

Las dos caras de la moneda cuando te estás empezando a pillar por alguien.

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