martes, 17 de febrero de 2015

¿Y para qué quiero conocer tus lunares?

Qué bonito queda eso de conocer cada uno de sus lunares, ¿eh? Tan romántico,  tan poético... y tan inservible como imposible. ¿Para qué voy a contar sus lunares?
Sí, queda muy bonito decir que cada noche, después de hacer el amor, contaba los lunares de su espalda a la luz de las velas, hasta quedarnos dormidos. ¿En serio? ¿Qué pretendes demostrar con eso?
Yo te cambio la luz de las velas por la oscuridad total, para hacer cada caricia o cada beso más bonito. Y contar sus lunares lo cambio por contar sus miedos, sus sueños, sus metas o sus proyectos frustrados. Escucharle cada noche hasta quedarte dormida. Hablarle hasta dormirse él. Compartir la vida del uno con el otro, dejar que conozca hasta aquello que nunca contaríamos... Conocer sus defectos, sus virtudes y sus puntos fuertes,  en vez de sus lunares. Acariciarle mientras habláis, y dejar que tus manos se aprendan todas y cada una de sus curvas.
Eso sí es bonito. Puede que no bonito para un poema. Pero sí bonito para nosotros, para cada noche que pase a tu lado.

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